aún recuerdo cuando me preguntó una amiga si es que iba a seguir estudiando después de la licenciatura. "Ni loca", pero de repente me di cuenta que no, que loca estaba si no lo hacía, sobre todo porque vivimos en un país donde ya cualquiera es licenciado, pero gana bien poquito, pues ya entonces hay que ser maestro en derecho o doctor en derecho o algo más que licenciado. Por eso decidí que tenía que estudiar una especialidad.
Y entonces me levanté todos los días a las 5 de la mañana a prender el boiler y a correrle para bañarme y al coche y por insurgentes sur y llega a CU y correr y correr para llegar a una banca a escuchar clase. Algunas muy buenas, otras no tanto, pero lo cierto es que tras un año y medio de ese ajetreo mágico, cómico, musical hoy fue mi examen general de conocimientos en donde con una semana únicamente los 3 sinodales nos dieron tema para en una semana desglosar una tesina. Me la rifé. El examen estuvo de poca, una de las sinodales me odiaba pero creo que le contesté bien. Y entonces pues no me quedó de otra más que seguir y hablar como abogada.
Pero al sinodal al que le tenía más miedo comenzó diciendome: Pues, déjeme decirle que a su ensayo lo encuentro más humanísitico, la verdad es que no leo en él conceptos jurídicos ni sus argumentos lo son.
Zaz.
Pensé mil y un cosas: Que yo no había nacido para ser abogada que de seguro me regañaría por no tener un argot jurídico ni hablar como los abogados coyoteros. No sé.
Pero él continuó: Pero por eso le haré tres preguntas... Yo contesté confiada y segura. Vi su expresión, como que lo convencí...
Y me convencí a mi misma de que no se necesita tacón alto y falda de tubo ni blusa de transparencia para ser una buena abogada, lo que se necesita es saber y yo sé.
Se quedó pensativo y a mí parecer, lo que contesté, de seguro lo hará pensar que no todos los abogados somos cuadrados ni pensamos igual. ¡Y qué bueno!
Atte,
Esp. en DI Lenna Magallanes.