6 de noviembre de 2009

Los peligros del exceso de fe.*

*Texto tomado de "El libro de los amores ridículos" de Millan Kundera, que actualmente estoy leyendo y recomiendo bastante. Lo leí ayer en busca de cambiar un enfoque negativo, a uno positivo.



Pero pasaron diez minutos, un cuarto de hora, y la chiquilla no regresaba.
-Notemas- me consolaba Martin-. Si hay algo seguro es que volverá. Nuestra actuación fue totalmente convinciente y la chiquilla estaba entusiasmada.
Yo también era de la misma opinión, de modo que seguimos esperando y nuestro deseo de volver a ver a aquella chiquilla de aspecto infantil aumentaba a cada minuto que pasaba. Mientras tanto se nos pasó la hora acordada para nuestro encuentro con la chica del pantalón de pana, pero estábamos tan concentrados en nuestra blanca jovencita que ni siquiera se nos ocurrió levantarnos,
Y el tiempo transcurría.
-Oye Martin, creo que ya no vendrá- dije por fin.
-¿Cómo te lo puedes explicar? Si esa chiquilla creía en nosotros como en Dios.
-Sí- dije-, y ésa fue nuestra desgracia. Nos creyó demasiado.
-¿Y qué? ¿Acaso quería que no nos creyese?
- Probablemente hubiera sido mejor. El exceso de fe es el peor aliado. - Aquella idea me entusiasmó; empecé a divagar-: Cuando crees en algo al pie de la letra, terminas por exagerar las cosas ad absurdum. El verdadero partidario de determinada política nunca se toma en serio sus sofismas, sino tan sólo los objetivos práctivos que se ocultan tras estos sofismas. Las frases políticas y los sofismas no están, naturalmente, para que la gente los crea; su función es más bien la de servir de disculpa compartida, establecida de común acuerdo; los ingenuos que se los toman en serio terminan antes o después por descubrir las contradicciones que encierran, se rebelan y al final acaban vergonzosamente como herejes y traidores. No, el exceso de fe nunca trae nada bueno y no sólo a los sistemas políticos o religiosos; ni siquiera a un sistema como el que nosotros queríamos emplear para conquistar a la chiquilla.
- Me parece que ya no te entiendo- dijo Martin.
- Es bastante comprensible: para esta chiquilla éramos sólo dos señores serios e importantes.
- ¿Y entonces porqué no nos hizo caso?
- Porque creía demasiado en nosotros. Le dio a su mamá la lechuga y enseguida se puso a hablarle de nosotros entusiasmada: de la película histórica, de los etruscos en Bohemia, y la mamá...
- Ya, lo demás ya lo imagino...- me interrumpió Martín levantándose del banco.

29 de octubre de 2009

Razones por las que me gusta salir de trabajar antes de que anochezca:

27 de octubre de 2009

De algo que no entiendo: Política.

Nunca he escrito algo de política, la verdad no es mi estilo, los anónimos que han expresado su opinión en este blog lo han dejado muy en claro: Lo mío es la miel, lo cursi y el amor encausado a lo imposible, a lo mágico o... a lo ostentoso.
Sin embargo, comparto esa náusea que muchos de ustedes han de sentir todos los días al ver, escuchar o leer las noticias, los impuestos y nuestros gobernantes, incluyendo a los diputados y a los senadores; que lo único que han logrado es producir un estrés social globalizado en todos los estados y en todos los colores (verde, azul, amarillo y otros).
Me queda claro lo que muchos han expresado: Sin movilizarnos, no llegaremos a nada. Sin provocar un descontento social y que los gobernantes se enteren de eso, jamás cambiaremos la corrupción de nuestro país.
Me queda claro, pero también tengo muy presente que el poder corrompe. Así, tipo "Todo el poder", esa película mexicana que me dejaron ver en la preparatoria para escribir un ensayo de la corrupción en México, en esa preparatoria de la UNAM, de la que tanto se quejan y a la que tanto achacan la educación a aquellos líderes grilleros y mugrosos que han surgido en la política.
Con algo tan sencillo, se puede dar cuenta de lo que provoca el poder. No tengo que disertar al respecto, me basta conocer a un compañero de la facultad que fue elevado de rango en el trabajo para que se crea inalcanzable y despilfarre su quincena en cosas pueriles y sin sentido. Me bastó conocerle para darme cuenta de que el trato a sus "inferiores" cambió considerablemente, que el poder le cambió y seguro le hace chaquetas mentales todas las noches, susurrándole al oído: Tú eres mejor que ellos.
Y no es que no se pueda, pero basta decir que de todos los partidos políticos no hay alguno que se escape de algún funcionario corrupto: Desde Bejarano hasta Sodi, desde Imaz hasta cualquier otro que se les ocurra. Entonces llega a nuestra mente: ¿Qué hacer ante tal situación? Y es que si el poder corrompe como conseguir que nuestros dirigentes no se corrompan?
Es justo ahí en donde podrían encontrar cabida los doctores en Ciencia Política, aquellos estudiosos de la Teoría Política, los expertos que han escrito libros y que han criticado tanto el sistema político mexicano. Para ello resulta necesario estudiar a los candidatos, porque actualmente existen legisladores que a penas si tienen la primaria... Esos que piensan que con golpes, pancartas, gritos y aventones se hacen adecuaciones a las leyes. Hay que pensar bien por quien se va a votar y si es que no hay nadie que convenza ¿Porque no convencer a aquellos doctores o licenciados o maestros a los que hice referencia, para que vayan por esos puestos?
Yo opino, como diría una canción de 31 minutos.
Opinar no me hace ni más ni menos inteligente, simplemente es una idea que se deja al aire y que quiero compartir con todo aquél que pase por aquí.

24 de octubre de 2009

Creo

Creo que yo no entiendo, ni me molesto mucho por tratar de entender, en que consiste aquello de ser madre. Es bien extraño porque para empezar nunca me he visto grande. Tengo 27 años y sigo pensando que soy una escuincla mocosa a la que le emociona pedir una malteada de vainilla o subirse a algún juego de six flags. En pocas palabras, soy una maldita inmadura.

Nunca me ha dado curiosidad como se vería mi estómago abultado o verme comprando cosas de maternidad o pensando en el color de la pared de la habitación donde estaría dormido mi... Hijo.
Es que hasta escribirlo produce en mi una sensación extraña. No es que desprecie tener hijos, la verdad es que fue una idea que de niña nunca tuve. Siempre supe que estaría atrás de un escritorio, en mi "máquina de escribir"... Jamás cuidando bebés o cambiando pañales. Nunca quise una carreola o un nenuco... Mis barbies nunca fueron madres, siempre eran exitosas universitarias. Pedí un hornito mágico, del cual nunca hice pasteles, la verdad sólo me daba curiosidad como un foco podía cocer masa.
Las primeras galletas que hice me quedaron planas. Nunca volví a hacer repostería, excepto dos veces en las que tuve que llamar a mi madre para que remediara los errores a la hora de batir la masa. La cocina me produce una flojera inmensa y lo único que sé hacer bien es lavar los trastes. Mis primos más pequeños siempre me vieron como la prima que sólo jugará un rato con ellos... Después los llevará a la tienda y ahí acaba todo.
Soy una antítesis de las mujeres de la famila de mi madre, ellas saben cocinar delicioso, saben trucos de cocina y de limpieza, saben comprar frutas y verduras frescas. Yo no sé hacer nada de eso.
Quizá por eso también me daría miedo tener un hijo. Yo no sé ser madre. No soy amorosa ni paciente, soy egoísta y desesperada. Nací en una familia tradicional, en donde mi padre proveía de dinero y mi madre se encargaba de los enceres de la casa.
Quiero pensar que los tiempos han cambiado y que las familias de ahora son diferentes, la madre y el padre trabajan pero en ese caso, la mamá suele ser la súper madre: La que tiene un trabajo honeroso del que puede salir a las cinco de la tarde, son inteligentes y eficientes, las que van por sus hijos a la guardería, llegan a limpiar su casa y hacer la comida, llegan a ayudarles a sus hijos a hacer las tareas y a jugar con ellos, para que cuando llegue el padre la casa esté limpia, la comida preparada, la cena servida y se dedique a... Escuchar al marido.
Yo no podría, no puedo ni cuidarme sola, no puedo hacer de comer, no soy ducha en eso de manejar bajo presión. Y eso me ha hecho pensar ¿Cuál es entonces mi papel en este nuevo mundo?

Creo que, no lo sé.

18 de octubre de 2009

Cincuenta y tres.

Uno de los primeros recuerdos que tengo de él es muy simple y quizá hasta un tanto pueril de relatar: Mi padre me estaba presumiendo con las secretarias de su oficina diciéndoles que me sabía a la perfección la dirección en donde vivíamos.

Mi padre es uno de esos hombres que con paso seguro, recuerda cada uno de los pasos que da como uno de esos logros que después relata, y que siempre te sirve como una verdadera lección que siempre recordarás y hasta lo harás tuyo.

Él es el primer hombre que conocí y es por eso que aprendí a confiar más en un hombre que en una mujer, me enseñó que para vivir la vida únicamente hacen falta dos cosas: Ser feliz y... Vivir.
Él es la persona que más admiro, su nombre suena cada vez que me preguntan por mi héroe, mi padre es el sol de mi sistema solar, es el centro de mis ser, mi ombligo.

Lo recuerdo, como dije, orgulloso de mi. A veces eso me da un poco de miedo, quiero llegar a estar a su nivel y no fallarle, deseo contar por siempre con su altivez al escuchar mi nombre, deseo ser por siempre su estrella; pero lo cierto es que perfectamente puedo confiar en que sus brazos son el mejor abrigo que siempre encuentro, su amor y sus sabias palabras, sus ojos claros y su ceja poblada, sus manos que ahora reflejan el arduo trabajo que le ha costado escalar por lo que deseó y logró: Hacernos, a mi hermana, a mi madre y a mi, una hermosa familia.

Hoy cumples 53 años... Y no me queda más que quitarme el sombrero ante ti, escribirte lo mucho que te admiro, te respeto y te quiero, porque con nada podré agradecerte todo lo que has hecho por mi, con nada podré hacerte sentir la manera que tu me haces sentir cuando me acaricias el pelo y me suspiras: "Mi negra, como te quiero".

Eres mi maestro, mi redentor y en lo que creo; porque si tu lo lograste, estoy segura que yo también puedo. Y por ahora: ¡Felicidades por estar destellando un año más en este mundo, al que tanto le hace falta gente como tu! Pero también tengo que agradecerle a la vida por tenerte aquí por 53 años.

Amorosamente, tu negra.

16 de octubre de 2009

¡Tienes que ir al mp porque se me da la gana!

Cuando yo recién había salido del servicio social, en CONDUSEF (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros. Amén) la verdad es que ni quería trabajar. Pero sentía un pesado cargo de conciencia sobre mis hombros y decidí buscar trabajo.

Mi único empleo, antes del servicio social (cuya anécdota merece horas y horas de sana diversión pero descuiden, no se las platicaré) había sido en la FHP (Fundación Humanismo Político y no, no diré más) era una vil becaria que ganaba un peso por día, bueno no, pero casi.

Entonces, lo recuerdo perfectamente, en la clase de La empresa y las contribuciones, una amiga me dijo que recién había dejado su cargo como pasante y que su ahora ex-jefe andaba buscando gente, que pagaba mil pesos al mes.

MIL PESOS AL MES, para mi era un dineral, eran 500 pesos a la quincena. La gloria.

Total que le hablé al Lic y me citó en el VIPS de jueras de una estación del metro ¿Porqué? No sé. Yo me comí una sopa de tortilla y él pidió toda una comida. La verdad tenía buen aspecto, se veía que en sus años mozos había sido muy guapo, pero indudablemente esos días ya habían pasado. Me habló que hace mucho tiempo había tenido mucho dinero, que estuvo en la banca rota y que ahora pretendía salir... Con un despacho.

Me prometió que aprendería muchas cosas del litigio y yo decidí entrar a laborar... ¡A litigar!

Esa fue una gran estúpida idea.

Mi primer día de trabajo me la pasé de chofer mientras el licenciado iba a visitar ¡A sus 3 clientes! en fin. Me dejó salir temprano y llegué 3:30 a la escuela. Mi clase empezaba a las 4:00 así que pude comer muy a gusto mi torta de jamón.

Entonces yo no creía que el litigio sería malo. Si. También creía en los reyes magos.

El primer día que fui a un juzgado familiar, desee morir. ¡En serio! Son horribles, la gente es horrible, está oscuro, hay papeles regados por todos lados, torres y torres de expedientes y gente horrible mal encarada (que es peor que le primera gente horrible a la que hice referencia). Mi jefe me dice: A ver, pide un expediente.

Mi gran cara de "que hago aquí" cubrió todo mi ser pero con la pena entre mis oídos, me acerqué al archivo: Hola, buenos días, esteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...

La vieja encargada del archivo me vio con ojos de pena y me dijo así bajito para que nadie escuchara: "Mira niña, tengo mucho trabajo, sé que eres nueva, se te nota pero deja de hacerme perder mi tiempo y llena tu papeleta, me la entregas, yo busco que estés autorizada y te doy el expediente ¿Entendido?"

Quería llorar.

Llené la estúpida papeleta y al momento de querer dársela, me di cuenta que me convertí en ese preciso instante en un cero a la izquierda. Todos los pasantes a mi alrededor gritaban claves como "¿Me das un Hernández de la A?", "De la B un Zuárez plis", "Ey, necesito un A de la A". Hasta que un pasante buena onda me dijo: Grita el primer nombre del actor y la letra de la secretaría del expediente que estas buscando. Mi cara de ingenuidad lo diría todo porque tuvo que explicarme que carajos era la letra de la secretaría.

Es que todos se comportan como animales, el primer día en un juzgado familiar, vi perfecto el soborno de un licenciado a un secretario de acuerdos: Poniendo un billete "de a 100" entre el expediente y diciendo: "Me lo tiene para mañana ¿Verdad LIC?"

Odio la palabra: LIC. Si un día me quieren hacer encabronar, díganme LIC. La mole se quedará corta a mi lado.

Después de llorar amargamente mi desgracia en casa, pasaron 4 meses de frustraciones, quejas, llegadas tardísimo a la escuela, sobornos que no quería pero tenía que hacer, hablar con policías y sobornarlos para que nos ayudaran a robarnos al niño que tenía la familia del padre, para dárselos a la madre, manejar a las 5 de la mañana rumbo a Querétaro para una audiencia, sacar de su casa a 2 familias, embargar a 5 más e interponer una denuncia por violación, defender a un violador (afortunadamente perdimos), cuestionar a personas sobre sus deudas ante el juez, tuve que correr, correr y correr para alcanzar a dejar expedientes, actuaciones, notificaciones, todo antes de las 3 de la tarde porque a las 2:50 ya nadie te sella nada. Burocracia fea ¡Horrible! Asco.

Yo no podía estar más asqueada de la abogacía... Hasta que mi jefe me dijo: Vas a ir al MP número (quiensabecual) en PACHUCA.

Y ahí voy, mi asqueroso ser delgadísimo como jamás ha vuelto a estar, subió a 3 camiones, una línea del metro y un autobús que parecía guajolotero para llegar a la loma de quien sabe donde al MP.

Olía horrible, me tuve que aguantar las ganas de vomitar y tener que echarle un choro (que yo no me creí) al agente para desvirtuar una averiguación previa.

En primer lugar YO NO SÉ UN CARAJO DE DERECHO PENAL, en segundo lugar, no sabía ni conocía al indiciado. Horror.

Afortunadamente el agente me creyó y pude hacer algo que jamás pensé que haría: Un auto para posponer el arraigo para allegarse de más pruebas.

Dado ese inesperado éxito mi jefe me agarró de achichincle corre ve y dile para ese asunto. Él jamás se presentó. Y yo... Ya estaba harta.

Entonces llegó el momento.
Para gusto y beneplácito de mi Jefe resulté buena para los divorcios y estaba llevando el suyo. Ya tenía el acta en la mano cuando me llamó: Ven al despacho, tenemos trabajo.

Llegué y él estaba con su nueva novia tomando cerveza y fumando. "Tienes que ir al mp Lenna yo no tengo tiempo".

YO-NO-TEN-GO-TIEM-PO retumbó en mi cabeza y la furia se subió y se coló en el mi cerebro, mis neuronas hicieron fiesta y entonces ya no pude más, la bilis se me derramó por todo el cuerpo... y dije: NO.

Mi Jefe dejó su fiesta privada para asesinarme con la mirada...¡Tienes que ir al mp porque se me da la gana!...

Y entonces me salió el demonio que duerme de vez en cuando en mi y le contesté: Usted y su gana pueden quedarse con su trabajo de miseria. Yo Renuncio.

Y oficialmente era desempleada... Pero el barco de mi vida me llevaría por diferentes rumbos que les contaré... Algún día.

Lo cierto es que yo nunca pero nunca regresaré a litigar. He dicho.

14 de octubre de 2009

¿Qué puedo decir?

En mis tiempos, amar era mandar cartitas con corazones y un buen ramo de rosas.
En mis tiempos, preguntarle a alguien que fuera tu novio estaba mal visto, tu tenías que esperar.
En mis tiempos, amar era suspirar mucho y tomarse todos los días de la mano mientras se contaban cosas melosas como: "Eres la mujer más linda del universo", "Nunca voy a amar a alguien más que a ti, eres el único en mi vida".

En mis tiempos, una pareja podía pasarse cuatro horas frente a un árbol contándose tonterías y riéndose sin parar. Miles de besos y cuentos secretos.

En mis tiempos, dedicar una canción era cosa de todos los días. Llamar a las estaciones de radio y dedicar canciones eran un ejemplo de amor inconmensurable.
En mis tiempos, dar detalles era signo de que se cumplían meses. Corazones de terciopelo y paletas de grosella.

En mis tiempos decir: "Te amo" era tan común como respirar.
En mis tiempos, abrazar y apachurrar era sinónimo de "Te quiero".

¿Qué puedo decir? Ya no son mis tiempos y me doy cuenta de que cada día, me hago más vieja.
Sólo que ahora tengo una pregunta: En estos tiempos ¿Qué es el amor?

6 de octubre de 2009

Mi corazón.

Te tengo del otro lado del corazón porque sólo fue ese el que no se dañó en vidas anteriores. Lo sé porque te siento jugar entre los rincones de las venas y arterias que sigilosas trabajan para que yo pueda sonreírte. Y entonces cuando corres, tus pequeñas huellas hacen pequeños orificios que se vuelven a llenar y me gritas: Eres una esponja... Y yo te contesto, desde acá, desde afuera: Tu eres el líquido vital que llena las ausencias de todas mis vidas pasadas.



Entonces sigues corriendo y yo estoy alegre de que así sea.