Hoy es cumpleaños de la única jefa que he admirado hasta las lágrimas. De cierta manera es triste no tener una imagen de poder a quien respetar, me dije lo mismo hace a penas dos días cuando mi novio criticaba el hecho de que el tendero hubiera llamado a la policía por un hombre presumiblemente alcoholizado que le gritaba "para eso te estoy pagando", sólo para sacarlo. Así, este hombre borracho le gritó, en nuestra cara: "¿te sientes mucho porque traes tu traje de policía?"
Yo me puse triste.
El martes fue el aniversario de bodas XXXI de mis padres. El miércoles fueron a mi casa a recoger un par de cosas que me habían encargado comprar. Cuando llegaron, me asomé por la ventana y los vi juntos, sonriendo y parecía que la luz del sol a las nueve de la mañana con diez minutos les reflejaba justo en el enlace matrimonial que celebraron un día anterior, hace treinta y un años.
Me puse contenta.
Y así, tras que el banco en el que confiaba por ser "el fuerte de México" me dice que gasté como diez mil pesos en un Walmart de Okland al mismo tiempo que llegaba al mejor hotel que he podido pagar en San Miguel de Allende. Me sentí muy pobre, muy. Sin embargo muy afortunada porque ese sentimiento de "a mí no me va a pasar ______" se eliminó para siempre de mi sistema y me sentí como una mujer más del montón.
Una mujer más del montón que se va a casar.
Me puse aún más contenta.
Reflexionando sobre mi boda sólo pude atinar sabiamente que pese a que amo las bodas y los ramos y el "pe-pe-pe-pe-pé" lo cierto es que yo no soy capaz de ser el centro de atención cuando una fiesta es 100% mi responsabilidad. Entonces decidí aceptar sabiamente que la mejor boda que una abogada pseudo escritora como yo puede tener, es un relámpago. Uno lleno de matices dulces que la sociedad no entendería.
Y sí, todo comenzó con la entrega de un anillo que yo ubiqué y que mi novio puso el 75% del dinero para comprarlo y que sólo costó 250 pesos porque es de madera. Y que bueno porque en eso de lavarme las manos tengo la costumbre de quitarme los anillos y he sentido que lo pierdo por lo menos en 3 ocasiones (incluida la de hace veinte minutos). No quiero imaginarme que hubiera pasado si hubiese costado 50 mil pesos.
Entonces, voy a casarme y se siente bonito.
Me puse todavía aún más contenta.
Los pasajes de la vida deberían ser así siempre: Graduales.
Hoy vine con gusto a volver a escribir. Posiblemente dejé de necesitarlo pero jamás de extrañarlo.
Y ya.
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